sábado, 28 de mayo de 2011

EL RITO DE AMOR SEXUAL

Dios Padre desde que nos creó, ha querido y quiere compartirnos todos Sus bienes para que disfrutemos y vivamos en espíritu, alma y cuerpo lo que Él vive, sintamos Su gozo eterno en el día a día.
Si prestamos atención, nos daremos cuenta que esos tesoros que El Padre nos regala están a la vista y al alcance de todos, los tenemos en las narices, pero sólo los puede contemplar y vivir el que de corazón busca, con humildad, y quiere hacerlo, no sucede porque si.
Este gozo eterno lo vivimos y experimentamos muy especialmente en el rito del Amor sexual.
Pero, ¿qué es en verdad? Nadie puede negar que algo muy fuerte sucede en ese momento que nos sacude interiormente, sea porque nos gusta mucho y nos llena, o a veces salimos frustrados porque no era lo que esperabamos, a veces lo rechazamos de entrada porque lo vivimos mal y no queremos volver a sufrir eso; a veces nos gusta-llena tanto el corazón, el alma y el cuerpo que nos parece increíble lo que sentimos.
A veces también después de gozar tanto pasa que cuando terminamos, sentimos un vacío que nos deprime, a veces queremos hacerlo todo el tiempo y es lo único que nos interesa, y muchas otras cosas más vivimos al hacerlo. Quien más quien menos, todos sentimos y vivimos estas cosas alguna vez.
Pero sepamos que todo esto que vivimos interior y exteriormente siempre Es Amor y proviene del Amor, que es Dios en la cama: el trono del Amor. Lo demás son sólo piedrecillas en el camino, confusión-tergiversación del Amor. Por eso lo único que varía en realidad es cómo lo vive cada uno.
Porque en nuestro corazón, consciente o inconscientemente, siempre buscamos amar más porque es nuestra esencia, somos insaciables de Amor.
Esta es nuestra ‹pila›, lo que nos da impulso y ganas de seguir adelante y levantarnos todos los días, lo que nos llena el alma. Esto es así para nosotros porque así es para El Creador.
Contemplando que Todo Es y proviene del Amor, es esencial mostrarnos tal cual somos y hablar de esto que nos pasa adentro y que la persona que tenemos al lado, la mayoría de las veces no conoce ni se entera.
Por ejemplo, los “malos pensamientos” que comúnmente decimos cuando nos referimos a desear a otra persona, todos los tenemos alguna vez. Cuántas veces en pleno acto nos ponemos mal por que las cosas que más deseamos o nos gustan hacer las vivimos como “sucias”, “cochinas”, o “qué va a pensar el otro de mí; que soy un depravado por que me gusta tal o cual cosa, etc.”; o si las llevamos a cabo después nos quedamos con culpa por ser “tan obscenos”.
Tendemos a creer que estos pensamientos o gustos son “malos”, y eso lleva a no hablarlo con la pareja y que lo escondamos; así, cada uno se va guardando cosas y al no hablarlas nos vamos alejando uno del otro generando heridas. Lentamente y sin darnos cuenta esto se va haciendo costumbre en la pareja y con el tiempo se terminan perdiendo las ganas y el entusiasmo en compartir las cosas, sobre todo el Rito de Amor sexual. La trampa está en cada vez menos mostrarnos-abrir el corazón el uno al otro.
Estos son mecanismos de engaño-daño del demonio que han calado muy profundo en varones y mujeres a lo largo de toda la historia de la humanidad, y que en definitiva consiste en hacernos creer que Dios es un malvado-sádico que se burla de nosotros por darnos algo que nos gusta tanto, al crearnos con los órganos sexuales, y a la vez, ¿nos diría que es “malo o pecado”? Eso es mentira, ¡blasfemia!  
El Rito de Amor sexual-de pareja es el momento en que más Amor se vive SIEMPRE, seamos concientes o no.
Es el acto en el que Dios Padre ha querido y quiere que vivamos-sintamos Su mayor Gozo, el que siente El al crear y recrear todas las cosas, sobre todo al hombre, Su creatura más amada y predilecta.
Por eso es tan sublime, es el perfecto encuentro y es cuando la pareja se hace uno. De allí vienen los hijos, fruto de esa unidad, del Amor que se tienen-dan uno al otro en ese hecho concreto que simboliza y encierra todos los actos de Amor entre los seres humanos, porque allí es donde se ve más concretamente y vive la felicidad del otro. El Amor tan fuerte que se da durante el Rito nos lleva por ejemplo a exclamar de placer o decirnos cosas que en otro momento no las diríamos; es en donde los besos que nos damos son más profundos, las caricias nos elevan de adentro y hacia fuera logrando una compenetración tan intensa que sólo se vive si uno busca y quiere.
Es ‹ver la cara de Dios› como canta el pueblo y nos enseña sabiamente en el dicho popular, o “tocar el cielo con las manos”; es estar y perderse dentro del otro espiritual y físicamente.
Es encontrarse plenamente con Nuestra Madre María porque Ella es el Amor concreto, pero de eso hablaremos en el siguiente artículo.
Como se ama la pareja es el símbolo de cómo ama cada uno a toda la humanidad.
Allí se expresa el corazón de cada uno en verdad y calidad, por eso cuando tratamos muy bien a los de afuera y despreciamos a los nuestros, terminamos siendo hipócritas y en realidad no amamos a nadie, terminamos siendo mal amadores de nosotros mismos.
Por ejemplo, la auto satisfacción o masturbación es Amor desvirtuado e incompleto, es egoísmo individualista, al igual que cuando durante el Rito de Amor sexual sólo buscamos el propio placer sin importar lo que sienta el otro, o por el contrario, sólo satisfacer al otro.
Oras veces buscamos satisfacer al otro y al parecer lo logramos, pero luego de terminar extrañamente sentimos un vacío dentro nuestro. Pasa que le ponemos muchos límites al Amor, haciéndonos daño y al que tenemos al lado. Y es que no se puede llegar a la plenitud verdadera si deseamos satisfacer las necesidades del cuerpo solamente, porque se confunde-pierde el sentido y meta real.  
El Rito de Amor sexual Es y se realiza en plenitud cuando busca, ansia la felicidad del ser amado siendo feliz por intentarlo, y esto es importante que lo traslademos a todas las cosas que hagamos durante el día; para que al comprar pan, hacer la comida, cuidar a los chicos, trabajar fuera de la casa, o hacer lo que a cada uno tenga que hacer sea un acto de Amor puro e inmaculado. Donde lo importante es la intención del corazón, salga como salga, y tenga también los frutos que se busquen y traiga la felicidad para cada uno.
Ese gozo eterno que vivimos en espíritu, alma y cuerpo es porque en el corazón sabemos que estamos creando y recreando con El Padre hijos e hijas que pueblan y poblarán la Tierra como Quiso desde siempre.
El Amor sexual, gracias a Dios, nunca se dejó de hacer; a pesar del pecado original y de los intentos del demonio y sus aliados por detener la procreación En y Con Dios, nunca lograron-lograrán hacerlo.
Porque es tanto el Gozo-Dios que por más que a veces lo suframos por no saber vivirlo, es mayor-más fuerte el corazón-Amor que nos lleva a hacerlo.
Esta contemplación del Rito de Amor sexual, esta manera de ver-vivirlo, es muy importante para cuidarlo y ser conscientes de lo que tenemos y somos responsables; siendo que la mayoría de las veces lo tomamos a la ligera o lo hacemos “por que todo el mundo lo hace”, porque “las parejas tienen la obligación de hacerlo”, o “cómo no lo vamos a hacer, que van a decir mis amigos”. En fin, para vivirlo y disfrutarlo como Dios manda.
¡Si prestamos atención nos daremos cuenta de que el Rito de Amor sexual es la coronación del Amor! Es lo que necesitamos para aumentar el ánimo y así encarar lo que nos toque con verdadera fortaleza interior.
Cuando nos sentimos alejados del que tenemos al lado, es muy importante ir a fondo y ver cómo andamos en este tema; porque podemos sentirnos muy unidos y felices con nuestra pareja, pero si estos encuentros no se producen _sea por la razón que sea_ algo importante no está funcionando.
¡Es que es el festejo celebración del Amor que nos tenemos mutuamente; es agradecimiento a Dios por regalarnos-compartirnos Su Gozo!
Cuantas veces vivimos desencuentros o frustraciones porque uno de los dos no quiere hacerlo, “está cansado”, “mañana hay que trabajar temprano”, “no me siento bien”. Son todas excusas para esconder lo que a cada uno le pasa interiormente y no mostrarnos tal cual somos y nos estamos refiriendo a los sufrimientos, alegrías, bronca, rencor, ganas de hacerlo o no, frustración, etc.
En fin, lo que sea que nos pase; porque todas estas cosas influyen y mucho a la hora del encuentro más sublime del Amor y, como decíamos antes, es peligroso y desgastante acostumbrarse a estos mecanismos de convivencia en los cuales muchas veces terminamos actuando por inercia.
Para todo esto pidámosle a nuestro Señor que nos quiere felices que podamos Dejarlo Ser en nosotros y entonces viviremos-gozaremos más concientemente todos Sus Bienes que tenemos-están ahí, sólo hay que hacerlo. ¡Esto es resucitar en espíritu, alma y cuerpo AHORA!
¡Los esperamos para seguir descubriendo los misterios del corazón de cada uno, el Corazón del Padre!

Esther en Tobías con Pablo, Apóstol Ministro Juez de Paz del Gobierno del Rey Cristo Jesús Joaquín
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